Un nuevo informe de la Contraloría ya no sorprende a nadie. Y ese es, precisamente, el problema. El caso Fundaciones, las múltiples aristas del caso Convenios, las auditorías que han revelado graves deficiencias en el control de recursos públicos, las investigaciones por conflictos de interés y los reiterados cuestionamientos a distintos organismos del Estado han ido configurando un panorama inquietante.
Son síntomas de un deterioro institucional que amenaza a un bien social que Chile edificó durante décadas: la confianza en sus instituciones. Cuando las irregularidades dejan de escandalizar y la ciudadanía comienza a asumir que cada semana aparecerá
un nuevo episodio de uso indebido de recursos públicos o de incumplimiento de los deberes funcionarios, el problema de fondo radica en la pérdida progresiva de los estándares éticos que sostienen la vida republicana, donde la falta de probidad deja de ser una excepción para convertirse en parte del paisaje cotidiano.
Álvaro Pezoa B.
07 de julio del 2026